El imperio de los condenados
— ¿Y cómo sabes tú todo eso si los danzacrepúsculos son tan excepcionales y nunca habías visto uno?
— ¿Te acuerdas de cuando te dije que le dieras una oportunidad a la lectura? El soldado se arma en la forja, mademoiselle Lachance. La emperatriz, en la biblioteca.
Dior puso los ojos en blanco.
— Un libro adecuado vale por cien espadas.
— Bien dicho, mi joven aprendiz.

El imperio de los condenados
Jay Kristoff