A Julia Cordray se le ocurrió un buen día una magnífica idea de negocio: crear una aplicación para que la gente pudiera opinar sobre otras personas. Gracias a Peeple, que así se llamaba la aplicación, cualquiera sería capaz de ver la opinión general que se tiene sobre una persona y de esta forma tener una opinión algo más "objetiva" a la hora de contratar a alguien para un trabajo, salir a tomar una copa, ser vecinos o ejercer de niñera los fines de semana.

Lo que no se imaginaba Julia es que su app le iba a explotar en la cara.

Su funcionamiento era muy simple: te creabas una cuenta e invitabas a la gente a que opinara sobre tí. ¿Pero qué ocurría si querías opinar sobre alguien que no tenía perfil? Pues muy sencillo: podías crearle un perfil a esa persona usando su número de teléfono. Para colmo de males, este perfil falso no podía ser eliminado de la red.

Si ya de por sí es irónico que a la propia fundadora de Peeple no le gustara que publicaran cosas sin su consentimiento, en el FAQ de la aplicación contestaban a la pregunta "¿Por qué no puedo decir nada en Peeple?" con la siguiente respuesta:

Básicamente la red no iba a tolerar abusos verbales de ningún tipo, así como referencias a la salud de las personas, minusvalías, información confidencial, acoso, racismo, comentarios sexuales, etc. Vamos, que la app permite la creación de perfiles falsos sin el consentimiento de las personas, pero luego no permite escribir mensajes negativos en dichos perfiles.

Al final todo quedó en el cierre de la red social, su página de Facebook, dominios web y todo lo que tuviera que ver con la app. Incluso borraron de Youtube un vídeo que les hicieron en The Washington Post.

Al parecer en Noviembre van a sacar una especia de "refrito". Veremos en qué queda la cosa...